lunes, 23 de agosto de 2010

CANSADA


Nada da más coraje, miedo, impotencia, ganas de llorar, de gritar y de patalear que un asalto.


Por alguna razón me tocó ser el anzuelo, llevarme un jalón de greñas y sentir una pistola encajada en el estómago; no fué nada grato sobre todo porque yo venía aplicando lo que llamamos la "pestañita camionera" y cuando me hicieron abrir los ojos ví una puta fusca antes que a mis malditos agresores, una imágen que jamás olvidaré.


Mi iPod fué otra víctima de esta mierdes en la que estamos, y estaremos, hundidos pero no es solo lo material ó los asaltos.


Tal vez, porque soy mujer, es que me da mucho coraje no poder salir a la calle sin tener que cuidar el más mínimo detalle de cómo voy vestida, minimizando mi feminidad porque el hombre (macho) va por la vida pensando que una se viste para él, para que a una se le observe de manera lujuriosa y se le hagan saber ciertas opiniones vulgares del parecer machista sobre una misma, aaaahhhh eso si nos va porque nunca falta el sagaz que se cree el "muy verga" y piensa que tiene derecho a "saber de qué estas hecha" (literalmente) y va arrimandote su maldito asunto en el metro, en el camión ó aprovecha el mínimo roze para tocarse y hacerte saber que te quiere cenar.


Sin dejar de mencionar el fenómeno del sueño colectivo que les entra a los chicos cuando una mujer embarazada ó anciana sube al colectivo.


No tienen idea de cómo se siente entrar al metro en un mar de gente y sentir como tus atributos (y aquí hablo por todas las mujeres, no porque yo sea egocéntrica) parecen patrimonio de la nación, dónde que hay que ver qué nación, la de la raza de bronce IUGHHH


Tal vez es eso solamente, las ganas de gritar "no más", de que no quede solamente en un "qué te pasa??", de que los señores justicia que están subidos en esos como huacales del metro no nos "morbosien" mientras le mandan mensaje a su Nacaranda.


Tal vez sólo son ganas de llorar y de estar cansada de quedarme con las palabras en la boca al querer decir RESPÉTAME PENDEJO.


La vida es demasiado corta ó muy larga cómo para que uno pueda darse el lujo de vivirla así de mal.

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